ABECEDARIO LUMINOSO

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En ese transitar de infiernos hacia el conocimiento de sí misma o mismo (self), la poeta Isabel Arroyo libera energías telúricas con su deletrear Abecedario en la tormenta, convoca a su intuición, conciencia del ser inmediato (Teofrasto) a una especie de preconsciente que le da las llaves o la empuja al proceso de individuación mental (Jung) hacia la trascendencia.

   Sus cantos están hilvanados entre melodías nostálgicas, reflexivas y sensoriales, conjunción de filosofía y poesía (María Zambrano) a buscar las palabras perdidas, cual piedras o diamantes, deshaciendo su cuerpo en una lucidez enraizada, con sus pies o mutaciones corporales en una alquimia perenne, dolorosa y placentera, como su gestar la madre tierra en:

                Esta tierra es mía / (…) nacen tus celajes desde mi ser / (…)  Esta mirada como lámpara / se asoma sobre tus montañas / y se detiene en la geometría de tus sueños. /  Te he gestado, Tierra, (…)  He dado a luz tu sueño.

                Con sus textos musicales in crescendo nos mantiene atenta, al ritmo galopante de un quejido voluptuoso de un saxo tenor único, en sinfonía de violonchelos. En una ráfaga poseída de libido tánico, desciende cual Ulrike de Borges, espada en mano, con sus botas, zapatos:

(…) encuéntrame / con mis zapatos puestos / a la intemperie (…)  Retratos en luna llena

                Humana escindida, sales del Hades en Clave de reinicio en primavera / (…)  y corres por laberintos / sin destino. / (…) Deberías entonces / afirmar tus pies sobre el paisaje / (…)p21

  En casi todo el poemario, la raíz, sostén de sus pies la persiguen y no son los alados pies mercuriales sino los telúricos, sensores / (…) en el árido sendero / que recorrieron mis pasos. p23, nos guía su abecedario mnémico (…) ahí donde le arranco al olvido / la memoria que liberó el frasco del dolor.p26.

                En esa licuefacción de sustancias corporales, transformación y trance le van naciendo espadas en los dedos, en un lento autoconocimiento de las sombras, casi defensivo y de ataque a si mismo (…) Mis manos son gigantes que aprisionan / los días con macabras noches de insomnio, / (…)  El insomnio parece un juglar / que despierta sonámbulo / (…) Voy naciendo en un estrecho parto de campanas. p29.

La noche, la lluvia, el ocaso, en caídas luminosas escarba la psiquis (…) Rasgo y rasgo profundo / (…) y lo destruyo en un afán / (…) de ir rompiendo las voces. p32 y percibir al darse cuenta, da ese primer brinco o deletrea su personal abecedario:

Crucé la frontera / (…) más profunda / encontré unos zapatos ya en desuso, / a lo lejos se divisaba una colina / y a sus pies un rótulo de bienvenida. / Temerosa, miré aquel espejismo / y no sabía si retroceder / o caminar segura; no sabía tampoco / si dirigir mis pasos descalza /sobre el empedrado. / Más allá escuché una música / Entonces ignoré los zapatos / y continué descalza / (…) Arranqué mi pañuelo / para mostrar mi cara / (…) Y supe que aquellos rostros / en penumbras / alguna vez también lloraron / y en muchos ojos certeros / descubrí el abrazo. p36.

                K.G Jung nos dice que el proceso de individuación al abolir máscaras condicionadas y al ser apropiadas con los apegos e idealizaciones van a ser un lento batallar, desgarrado e incluso iluminado, como la noche más oscura del místico San Juan de la Cruz. Casi siempre evitamos nuestras muertes, oscuridades y preferimos llenar vacíos o cambiar máscaras. Deshojar el ego personad es arduo y la poeta Arroyo sigue en su trasegar en comunión sensible de un pensar poético que nada tiene de contradictorio como nos dice la filósofa poeta Zambrano. La poeta se va tornando más sensible e intuitiva al decir / (…) Miré hacia el bosque / y descubrí ¡tantos rostros escondidos! p36.

   Los sueños y ensueños son imágenes continuas en nuestra vida de aparecer y desaparecer sin prestarles atención, fundan nuestro ser como señala Gaston Bachelard, nos ayuda a reconocernos y a reconstruirnos al sentir esa alma, la invisibilidad y asombro a todo lo que nos rodea y hacia el renacimiento del ser. Esa pared, río, pantano, oscuridad, noche, desierto, nos llama a brincar o al pleno hundimiento y a metamorfosear el alma, cuerpo en palabras vivas, salidas de esa bóveda palatina, conexión de la cabeza y el corazón a través del pasadizo de la garganta, tierna humedad conectada al cosmos. Quizás en ese salto o asalto nos deshielamos.

                Poeta telúrica nos ayudas a conocer el lenguaje de los pájaros, de la lluvia. En sus gotas nos alargas la vida y cede nuestra avalancha acuosa, a cada construcción anímica del abecedario y a estar desnuda para devorar (…) esa manzana / abierta a mis instintos. P39, que la hace ser Lluvia en el desierto / (…) despertaron mis venas / al calor de la noche / y una cigarra fue el murmullo / que unió nuestros brazos, / la tierra con su calor profundo / (…) varón que abría / mi embeleso. / (…) el desierto, / con su fuego helado / para el corazón del hombre / absorbió amoroso / la lágrima que aun crecía / alquimia sublime de animus y ánima al canto del coscó o cigarra arquetipal, nombrada por el poeta venezolano Félix Armando Núñez Beauperthuy en su libro El Poema de la tarde, al abrazador calor de las sabanas de Maturín, en Venezuela con treintiocho grados en un abril donde las chicharras o coscós gigantes retumban en las sabanas y explotan al amarillo agónico del pasto y calma el incendio de la llanura, esa lluvia torrencial, donde el coscó está enamorado y rendido…  Nace el poema en las aguas y Arroyo decide seguir tejiendo palabras, en plena / (…) agonía / de la raíz sagrada / que cobija mis pies.p50.

                Esa vida onírica, desconocida es la que nos conforma al despertar y retorna en las olas de mares psíquicos / (…) cada ola es un recuerdo que muere / antes del amanecer / (…) ese eterno retorno de los abecedarios / en los labios de la lluvia / (…) Respiro profundo la salina del mar / y el responde ante su misterio / mientras danza ruidoso entre la eternidad.p51.

                Somos de agua, animales acuáticos, hoy bípedos a contracorriente, gestados por la Pachamama, nos conmovemos a sus quejidos / (…) escuché el llanto de la tierra / y se conmovió mis entrañas / me perdí en la finitud, / como una niña que no conocía su destino p64. Despierta y consciente con gritos para ser rescatada o más bien para nosotras ser y no aves de paso con fecha vencida. Esta mujer poeta nos insta al cuido ecológico, a tomar posiciones anti patriarcales y egotistas. Recuerdo a la poeta Zambrano al decir: (que podría ser sin la palabra, con su cuerpo, ser, ella la palabra, vive, palpita), fue una gran luchadora para que se diera el voto femenino y la igualdad y equidad de género en su España que la expulsó a vagar por tierras amadas como Cuba, Panamá, Chile, Francia, Europa, una andaluza amante del calor y agua de su Málaga infantil… ahora que recién la visibilizan, lo cual como todo lo relacionado con las mujeres pensadoras no es casual….

     Seguimos las mujeres poetas y todas de cualquier condición de género, color y clase, pedir una sola condición que se nos trate como seres humanos para dejar esa paradoja sometida de la mitad del mundo y la otra que lo ha parido (repetía mi profe Elisa Jiménez, quien vivió el mayo francés y sus ojos felinos verdosos me hacían ver las marchas) y más terrible aún la mirada azul abismal de la poeta Hanny Ossot al traducir en clase las Elegias de Duino y la asaltaba los recuerdos de la abuela alemana, de la guerra y su gato Ulisis, y el poeta Cadenas con el Taller literario Literatura y vida, que me asomaba a la vida cual pichona… agrega la poeta Arroyo / (…) con mi respiración, con mi palpitar / y mi voz liberando palabras / con todo ello, yo te creo, vida, / porque sin mí, / no serias. p60.

  Sabemos de nuestra finitud física en manos del tiempo, Chronos sediento, nos marca y élla suplica / (…) Tiempo eterno y doloroso / (…) sostén nuestros pies hasta que llegue / el crepúsculo / (…) dejando / (…) una gota, una esperanza. p65., quizás escribir sea renacer de los infernos, darse la oportunidad o mejor dicho las mujeres poetas, creadoras, somos la naturaleza / (…) He nacido mujer como el fuego / (…) para besar el alba, / (…) quizás mis pasos entonces se dirijan, / mochila al hombro, besando cada sueño. P68

                La realidad poética es una ráfaga efímera de una sencillez luminosa / me he encontrado a mí misma / y es mi vida un puente que cruzo / hacia el asombro / en esos movimientos cíclicos de vida y muerte, la vejez serena con más interrogantes / esa soy yo / me digo. Y las letras van reconociendo cada parte de mi cuerpo, / delinean mi mirada cruzando el futuro, / se fijan en mis ojos y adivinan vocales, / se enquistan en mis brazos uniendo consonantes.

            Abecedario es mi nombre que vibra con la tierra,

             besa el almanaque y se abraza al océano  

             -infinita es la vida, infinito el minuto-

             El poema anochece en mis labios sencillos,

              es infinita noche que me acoge serena,

             es el alba entreabierta llamando a las estrellas.

             Me he encontrado a mí misma

              y es mi vida un puente que cruzo

              hacia el asombro.

  Sin más remedio nada se detiene y las palabras trasmuta a la poeta / (…) y juego con la inaudita certidumbre / de sentirme viva mientras tanto. p74. Al creernos eternos la poesía viaja con nosotras y nosotros, en los recuerdos y nos despierta el abecedario vivo / (…) y despertaré serenamente / sobre un mundo de espejos, / donde palpitaré de nuevo. p76.

Al decir de la poeta Zambrano, pensamiento y poesía no se enfrentan, se unen y la luz de la conciencia se va abriendo en medio de las sombras.

   En la segunda parte del poemario poemas en la acera la poeta se impregna de un yo social, colectiviza sus cantos, con la identidad, la pobreza y la patria…

           Abecedarios que quiebran sus letras

            encontrando las verdades,

          porque también hay falsedad

           que busca confundir el grito justo.

           Por eso y porque vivo,

           levanto mi voz y digo,

           que aquí, este pueblo, estas manos

            han construido un país de siete provincias

            que anhela seguir viviendo

(La ruta del panal)